Los bonos caen. La economía mejora. Las dos cosas son ciertas.

*  Juan Manuel Gomez Margeri

Esta semana, el riesgo país argentino superó los 609 puntos básicos. Es el nivel más alto de los últimos meses. Los titulares lo leyeron como una mala señal. Las redes también. Y hay algo que falta en esa lectura.

Porque al mismo tiempo, la inflación sigue bajando. El superávit fiscal se mantiene. El Banco Central acumula reservas. Y la brecha cambiaria está en su nivel más bajo desde hace años.

¿Cómo pueden coexistir esas dos realidades? ¿El país mejora o empeora?

La respuesta es que el mercado no mira lo que está pasando hoy. Mira lo que puede pasar después.

Hay una herramienta técnica que pocos conocen fuera del mundo financiero, pero que explica mucho sobre el momento actual. Se llama tasa forward. En términos simples, es la tasa de interés que el mercado cobra para un período futuro específico.

Los bonos argentinos que vencen en 2027 —antes de las próximas elecciones generales— rinden hoy alrededor del 8% anual. Los que vencen en 2028 —después de las elecciones— rinden el 11%. Esa diferencia implica una tasa implícita de alrededor del 16% anual para el período que cae en el medio.

¿Qué dice eso, en concreto? Que el mercado está cobrando una prima por el riesgo de que algo cambie después de octubre de 2027. No porque crea que va a cambiar necesariamente. Sino porque no sabe. Y la incertidumbre tiene precio.

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A ese factor interno se suma uno externo. La Reserva Federal de Estados Unidos subió su tasa de referencia el 16 de septiembre, por primera vez desde 2023, llevándola al rango del 3,75% al 4% anual. Y el mercado ya descontaría otra suba posible en octubre.

¿Qué tiene que ver eso con los bonos argentinos? Más de lo que parece.

Cuando la tasa libre de riesgo en el mundo desarrollado sube, el dinero tiene menos necesidad de asumir riesgo para obtener rendimiento. Si los bonos del tesoro americano pagan más, parte de los fondos que hoy están en mercados emergentes buscan el camino de vuelta. No porque Argentina empeoró. Sino porque las opciones seguras mejoraron.

Es una lógica global que se repite en todo ciclo de tasas altas. Argentina no es una excepción.

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Entonces, ¿qué queda cuando se separa el ruido del dato?

Que los fundamentals argentinos siguen siendo sólidos. Que el mercado reconoce esa mejora —de lo contrario, el riesgo país estaría muy por encima de donde está. Pero que incorpora, además, dos incertidumbres que pesan: el ciclo de tasas globales y la pregunta abierta sobre 2027.

Para el inversor, esto tiene una implicancia concreta: el que salió de los bonos argentinos esta semana asustado por los titulares, realizó una pérdida en un momento de tensión externa y política. El que mantiene la posición puede ver esos bonos recuperar terreno cuando alguna de esas incertidumbres se despeje —ya sea que la Fed frene, ya sea que el escenario electoral se clarifique.

No estoy diciendo que no haya riesgo. Lo hay. Pero el riesgo no es el mismo que en 2019 o en 2022. El contexto de fondo cambió. Y confundir un bono que corrigió con un sistema que quebró es el error más caro que puede cometer alguien que ahorra en Argentina.

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La lección de fondo es vieja, pero sigue siendo la más difícil de asimilar: los mercados se mueven antes que la realidad. Suben cuando todavía no hay motivos claros de optimismo. Bajan cuando la noticia todavía no llegó a los diarios.

Los bonos que cayeron esta semana no lo hicieron porque Argentina retrocedió. Lo hicieron porque el mercado está mirando octubre de 2027 y todavía no sabe qué va a encontrar.

La pregunta que vale hacerse no es «¿por qué cayeron los bonos?». Es «¿qué pasa cuando esa incertidumbre se despeje?»

 

*  Blick | Consultora Financiera

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