El momento perfecto no existe
* Por Juan Manuel Gomez Margeri
Hay una frase que los asesores financieros escuchamos seguido, con pequeñas variaciones: «cuando se estabilice el dólar, empiezo». O: «cuando baje la inflación, veo qué hago». O: «después de las elecciones me siento y ordeno las cosas». El problema es que el dólar siempre tiene algo pendiente. La inflación siempre está en algún nivel incómodo. Y las elecciones, en Argentina, siempre están doblando la esquina.

La lista de razones para no invertir cambia según el año pero nunca desaparece. En 2020 era la pandemia. En 2022 era la guerra y el dólar. En 2023 eran las elecciones. En 2024 era el shock del inicio de gestión. En 2025 era ver si el plan se sostenía. Siempre hay algo. Y siempre habrá algo.
Eso no significa que los riesgos no sean reales. Significa que la incertidumbre no desaparece: es la condición permanente del mundo, no una excepción pasajera. El que espera que todo esté tranquilo para invertir, espera en vano.
Lo que hace difícil reconocerlo es que esperar se siente razonable. No hacer nada parece una decisión prudente, una forma de no cometer errores. Pero esa sensación es engañosa. El efectivo en el cajón o el saldo en la cuenta corriente no son una posición neutral: son una apuesta explícita a que el dinero quieto va a valer lo mismo mañana que hoy. En Argentina, esa apuesta casi siempre se pierde.
Lo que pocos calculan es cuánto cuesta no hacer nada. El dinero que no trabaja pierde poder de compra. En Argentina, donde la inflación promedió más del 100% anual en los últimos cinco años, cada mes que el dinero estuvo parado fue un mes que perdió valor real. No se siente como una pérdida porque el número en la pantalla no cambia. Pero el poder de compra sí.
Alguien que a principios de 2024 decidió esperar «hasta que se estabilice» y dejó sus pesos en el banco se perdió uno de los mejores años de los bonos argentinos en la última década. No por haber tomado una mala decisión: por no haber tomado ninguna. La espera también es una decisión. Y casi siempre es la más cara.
Hay un estudio clásico que compara inversores que compraron en el peor momento de cada año contra inversores que esperaron el momento ideal y nunca lo encontraron. Después de veinte años, los que compraron en el peor momento les ganaron ampliamente a los que esperaron. El tiempo dentro del mercado importa más que el momento en que se entra.
En la Patagonia esto tiene una particularidad. La región tiene salarios altos para los estándares argentinos, especialmente en el sector energético. Hay capacidad de ahorro real. Pero esa capacidad se desperdicia cuando el dinero queda estacionado esperando un momento que no llega, en vez de trabajar con una estrategia clara.
Invertir no requiere certeza. Requiere criterio. Criterio para entender qué instrumento se adapta a tu situación, tu plazo y tu objetivo. Criterio para no poner todo en un solo lugar. Y criterio para entender que el riesgo de no hacer nada es tan real como el riesgo de hacer algo mal.
* Consultora Blick — Asesoría Financiera
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