El año electoral que ya empezó

*  Por Juan Manuel Gomez Margeri

En agosto pasó algo que puede parecer contradictorio a simple vista. En lo que va del mes, el Banco Central acumuló el nivel de reservas más alto en siete años —más de cincuenta mil millones de dólares. El tipo de cambio se mantuvo estable. La inflación siguió bajando. Y sin embargo, los bonos argentinos cayeron casi cinco por ciento en el mes, y el riesgo país superó los quinientos puntos básicos, un nivel que no se veía desde principios de año.

¿Cómo puede ser que los datos mejoren y el mercado caiga?

 

La respuesta es que el mercado financiero no opera sobre lo que está pasando hoy. Opera sobre lo que cree que va a pasar mañana. O dentro de catorce meses, que es cuando Argentina vota.

Así funciona

El mercado es, en el fondo, un mecanismo de anticipación. Cuando los inversores compran o venden un bono, no están evaluando el presente. Están apostando a un futuro posible. Si creen que ese futuro es bueno —que la economía va a crecer, que el gobierno va a pagar sus deudas, que las reglas del juego van a ser estables— compran y el precio sube. Si creen que el futuro es incierto —un cambio de gobierno, una política económica distinta, un ciclo nuevo— venden, el precio baja y la tasa sube.

El riesgo país es, básicamente, la medida de esa incertidumbre. Cuando está alto, el mercado le está diciendo al mundo: «acá hay más dudas que certezas». No necesariamente sobre el presente. Sobre lo que viene.

Las elecciones que ya empezaron

Las elecciones de 2027 están a catorce meses. Pero para los mercados, ya comenzaron hace rato.

No es que los inversores sepan quién va a ganar. Nadie lo sabe. Lo que calculan es el abanico de posibles resultados y cuánta dispersión hay entre ellos. Si todos los candidatos con chances reales proponen algo parecido en materia económica, la incertidumbre es baja. Si las diferencias son grandes —entre continuar el rumbo actual o revertirlo— la incertidumbre sube. Y cuando la incertidumbre sube, el mercado vende.

Hoy Argentina está en ese segundo escenario. El proceso electoral de 2027 aún no tiene candidatos definidos ni escenarios claros. Esa falta de claridad es, en sí misma, un factor que mueve los precios. No porque el mercado desconfíe de la situación actual, sino porque el resultado de la próxima elección puede cambiar mucho esa situación.

Agosto fue, en parte, el mercado ajustando precios para incorporar esa variable.

¿Qué tiene que ver esto con mis ahorros?

Puede parecer un tema de grandes fondos y analistas con pantallas llenas de números. Pero tiene consecuencias muy concretas para cualquier persona que tenga ahorros invertidos en Argentina —o que esté pensando en invertir.

Primero: la volatilidad que generan las elecciones es transitoria, pero real. Los precios oscilan antes de que el panorama se aclare. Eso puede ser incómodo si uno mira la cartera todos los días, pero no cambia el valor de fondo de los activos si la economía sigue funcionando.

Segundo: los momentos de incertidumbre electoral suelen ser, históricamente, buenos momentos para comprar. No porque sea fácil hacerlo emocionalmente, sino porque el mercado incorpora el peor escenario posible antes de que ese escenario se confirme o descarte. Muchas veces, no se confirma.

Tercero: el horizonte importa. Si uno necesita la plata en seis meses, la volatilidad electoral es un problema. Si el horizonte es de dos o tres años —tiempo suficiente para que el escenario político se aclare—, el impacto se diluye.

La lectura de fondo

Argentina tiene hoy datos macroeconómicos genuinamente mejores que hace dos años. El BCRA compra dólares, las reservas crecen, el tipo de cambio es estable. Eso no desapareció en agosto. Lo que apareció es la incertidumbre sobre si ese rumbo va a continuar después de 2027.

El mercado no está diciendo que la situación es mala. Está diciendo que no sabe cómo va a seguir. Y en esa distinción está la diferencia entre el pánico y el análisis.

Las elecciones de 2027 ya empezaron para los que invierten. La pregunta es si también empezaron para los que tienen sus ahorros parados, esperando que el panorama se aclare. Porque cuando el panorama se aclare, los precios ya habrán subido.

*  Blick Consultora

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