El efecto vecino
* Por Juan Manuel Gomez Margeri
Ayer, Argentina tuvo una de sus mejores jornadas bursátiles del año. El Merval —el índice que agrupa las principales acciones locales— subió casi un cinco por ciento medido en dólares. Los bancos argentinos que cotizan en Nueva York ganaron entre seis y siete por ciento en pocas horas. Los bonos del gobierno recuperaron terreno que habían perdido en semanas.
¿Qué pasó en Argentina el domingo que justificara todo eso?
Nada. La noticia vino de Brasil.

El domingo, Brasil celebró la primera vuelta de sus elecciones presidenciales. Flávio Bolsonaro, candidato de centroderecha, obtuvo el 47,2% de los votos válidos. Lula da Silva, expresidente de centroizquierda que ya gobernó el país entre 2003 y 2010, quedó segundo con el 45%. Ambos van a un balotaje el 25 de octubre.
¿Por qué eso movió los activos argentinos?
La respuesta tiene que ver con algo que los economistas llaman «efecto contagio regional». Los grandes fondos de inversión del mundo no separan a América Latina país por país con la misma fineza que nosotros. Tienen carteras que agrupan activos de toda la región. Cuando algo bueno pasa en un país grande —como Brasil— mejora el apetito por la región completa. Y Argentina, que es parte de esa región aunque tenga sus propios problemas, recibe parte del rebote.
Pero hay algo más específico. Un resultado que favorece a una candidatura más orientada al mercado reduce la incertidumbre política regional. Menos incertidumbre significa menos prima de riesgo. Y menos prima de riesgo se traduce en precios más altos para los bonos y acciones de todos los países del entorno.
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Esto explica algo que puede parecer desconcertante: que los activos de un país suban no porque ese país haya hecho algo, sino porque su vecino tuvo un domingo electoral más tranquilo de lo esperado.
¿Es lógico? En términos estrictos, no del todo. Los fundamentales argentinos —la inflación, el déficit, el riesgo país— no cambiaron de un día para el otro. Lo que cambió fue el humor del mercado. Y el humor, aunque a veces parezca caprichoso, obedece a una lógica: en momentos de incertidumbre, cualquier señal que reduzca el miedo mueve dinero.
El punto más interesante no es el rebote de ayer. Es lo que revela sobre cómo funciona el precio de los activos. El valor de un bono argentino no depende solo de lo que haga el gobierno argentino. Depende también de lo que haga la Fed en Estados Unidos, de cómo le vaya al real brasileño, de si el petróleo sube o baja, de si China compra o no compra soja. El precio de cualquier activo es, en parte, el resultado de decisiones tomadas a miles de kilómetros de distancia.
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Para alguien que tiene ahorros, eso es importante entenderlo. No como motivo de preocupación, sino como invitación a ampliar la mirada.
Cuando los mercados caen sin que haya una razón local evidente, puede ser que estén respondiendo a algo que pasó lejos. Y cuando suben sin que el gobierno haya anunciado nada nuevo, también.
La economía global no tiene fronteras. El dinero tampoco. Y entender eso es, quizás, el primer paso para tomar mejores decisiones con el propio.
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* Fundador de Consultora Blick
(Asesoría financiera e inversiones con sede en San Martín de los Andes)


