El sector que alcanzó al campo
* Por Juan Manuel Gómez Margeri
Durante décadas, cuando Argentina necesitaba dólares, miraba al campo. La soja, el maíz, el trigo: el complejo agroexportador fue, durante casi un siglo, la principal fuente de divisas del país. Nadie cuestionaba esa jerarquía. Hasta ahora.
En el primer trimestre de 2026, por primera vez en la historia, el sector energético y minero generó las mismas divisas que el agro: USD 8.150 millones cada uno. No es una proyección ni un objetivo de gobierno: es lo que pasó.

Cómo se llegó acá
La diferencia está en el origen del dinero. En el agro, el 91% vino de exportaciones directas. En energía y minería, el 71% fue por exportaciones y el resto entró como financiamiento corporativo — inversiones de empresas que apuestan a producir más. Dos modelos distintos de generar divisas, con el mismo resultado final.
Detrás de este cambio hay un nombre que se repite: Vaca Muerta. El gasoducto Néstor Kirchner, que lleva gas desde Neuquén hasta Buenos Aires, evita la importación de energía que durante años drenó reservas. El petróleo no convencional de la cuenca empuja las exportaciones hacia arriba, trimestre a trimestre. Y el proyecto de GNL —gas licuado para exportar al mundo— todavía ni empezó: es el capítulo que viene.
El ángulo neuquino
Para Neuquén, este número no es estadística: es identidad. La provincia que durante décadas fue periferia —lejos de Buenos Aires, lejos del poder, lejos del agro— es hoy uno de los motores del cambio más importante en la estructura de ingresos del país.
Cada vez que Argentina exporta energía, una parte de ese ingreso nace en la cuenca neuquina. Las regalías que llegan a la provincia, las empresas que contratan localmente, los sueldos que se gastan en San Martín, Zapala o Cutral Có: todo empieza en un pozo.
Lo que durante años fue potencial, hoy empieza a medirse en dólares concretos.
La distancia entre el dato y la vida
Y sin embargo. Un récord de exportaciones energéticas no hace bajar la factura de luz ni sube el sueldo del maestro de Neuquén. La macro y la micro siguen siendo mundos que tardan en encontrarse.
Lo que sí hace este número es cambiar el punto de partida. Una Argentina con dos motores exportadores —el campo que siempre estuvo y la energía que llegó para quedarse— tiene más herramientas para crecer sin depender de una sola fuente. Eso no arregla todo. Pero cambia la conversación.
Durante décadas, la Argentina miraba a la pampa húmeda cada vez que necesitaba dólares. Ahora también mira a la Patagonia.
* Blick | Consultora Financiera

