Vida cotidiana y mercado: leer el contexto para decidir mejor
Por Juan Manuel Gomez Margeri *
El cierre de 2025 dejó una foto bastante clara del mundo en el que estamos parados. A nivel internacional, seguimos viendo un escenario cargado de tensiones: conflictos geopolíticos abiertos, mayor intervención política sobre bancos centrales, volatilidad en commodities y un crecimiento global cada vez más desigual. Estados Unidos sigue siendo el eje del sistema financiero, pero ya no transmite la misma previsibilidad que años atrás. Europa crece poco y Asia muestra señales mixtas, con China perdiendo fuerza como motor indiscutido.
En la región, América Latina navega entre oportunidades y fragilidades. Países exportadores se benefician de ciertos precios internacionales, pero conviven con desafíos fiscales, sociales y políticos que limitan el despegue. El contexto externo ayuda, pero no alcanza por sí solo.

Y en Argentina, entramos en una etapa distinta. Con inflación más baja que en años anteriores, menor ruido cambiario y un intento claro de ordenar las cuentas públicas, el país empieza a funcionar con reglas más parecidas a las del mundo real. Eso es una buena noticia. Pero también implica algo incómodo: ya no hay excusas.
Cuando el contexto cambia, las decisiones también
Durante mucho tiempo, la inflación alta tapó errores.
El desorden se licuaba.
La ineficiencia se escondía.
La falta de planificación no se notaba tanto.
Hoy eso está cambiando.
Con inflación más baja, tasas reales positivas y mayor competencia, tanto personas como empresas empiezan a sentir algo nuevo: el costo de no decidir bien.
No revisar gastos, no ordenar deudas, no pensar el ahorro o la inversión, no analizar riesgos… todo eso pesa más cuando el contexto deja de “acomodar” solo las cosas.
La enseñanza de la semana
Hay dos ideas simples que valen oro en este momento:
1️⃣ El contexto no se controla, pero sí se interpreta.
No podemos decidir si suben o bajan las tasas en EE.UU. o si hay un conflicto geopolítico.
Sí podemos decidir cómo nos paramos frente a eso: más diversificación, más orden, menos impulsividad.
2️⃣ Ordenar no es frenar: es prepararse.
Antes de pensar en rendimientos, oportunidades o crecimiento, conviene hacerse preguntas básicas:
- ¿Estoy ordenado?
- ¿Entiendo dónde estoy parado?
- ¿Sé qué riesgos estoy asumiendo?
Muchas veces, la mejora no viene de “hacer algo distinto”, sino de hacer mejor lo que ya estamos haciendo.
La economía no es un juego para expertos.
Es una herramienta para vivir mejor.
Y entender el contexto —aunque sea un poco— es el primer paso para usarla a favor, no en contra.
* Consultora Blick
