Una elección en la que no votamos

*  Por Juan Manuel Gomez Margeri 

Mañana se vota en Estados Unidos. No es presidente —eso fue hace dos años—, pero lo que se define el martes puede cambiar bastante. Es lo que se conoce como las elecciones de mitad de mandato: el país elige a todos los miembros de la Cámara de Representantes y a un tercio del Senado. En la práctica, es el momento en que la ciudadanía le dice al presidente si lo acompaña o le pone freno.

Suena a algo ajeno. Una democracia enorme, en otro idioma, a doce mil kilómetros. Y sin embargo, los mercados financieros de la región llevan días atentos a eso. El precio de los bonos argentinos que cotizan en Nueva York, las acciones de empresas como YPF o MercadoLibre que se compran y venden en Wall Street, los fondos de inversión que tienen activos latinoamericanos —todo eso va a reaccionar de alguna forma al resultado de mañana.

¿Por qué?

Primero, por lo que los mercados hacen siempre: anticipar. Un Congreso favorable al presidente en ejercicio da más margen de maniobra al gobierno. Puede aprobar presupuestos, avanzar en políticas comerciales, facilitar acuerdos internacionales. Un Congreso dividido o en contra genera incertidumbre, demoras, conflictos. Y los mercados no son pacientes: cuando hay incertidumbre, reducen exposición, venden activos de riesgo y se refugian en lo seguro. Los activos de países emergentes —Argentina entre ellos— suelen estar en la primera línea de esa venta.

Segundo, porque hay una relación concreta entre la política norteamericana y las finanzas argentinas. El Fondo Monetario Internacional tiene a Estados Unidos como su principal accionista. Cuando Argentina negocia un acuerdo con el FMI —como lo está haciendo ahora—, la posición del gobierno norteamericano importa. Un Congreso alineado con la Casa Blanca puede facilitar o complicar esas negociaciones. No de forma directa ni inmediata, pero el contexto político define el margen.

 

Hay un tercer elemento que en Neuquén tiene peso propio: la energía.

La administración actual en Washington llegó con una agenda clara a favor de la producción de petróleo y gas doméstico. Eso tiene dos lecturas para la Patagonia. Por un lado, más producción norteamericana puede presionar el precio del crudo a la baja —y cada dólar menos en el precio del barril afecta los ingresos de las empresas que operan en Vaca Muerta. Por el otro, la relación entre los dos gobiernos abrió una puerta: Argentina como proveedor energético estratégico para el hemisferio, con inversiones que ya empezaron a moverse en esa dirección.

Un Congreso que consolide ese proyecto político puede ser una buena noticia para el sector. Uno que lo frene, lo contrario.

 

No estoy diciendo que el resultado de mañana vaya a cambiar la vida de nadie en Neuquén de un día para el otro. Estoy diciendo algo más modesto: que el mundo financiero está conectado de una manera que a veces no es obvia, y que los precios de los activos que tenemos —o deberíamos tener— a veces se mueven por razones que suceden lejos.

Eso no es una razón para angustiarse. Es una razón para entender. Porque quien entiende lo que está pasando puede tomar mejores decisiones, o al menos no salir corriendo a deshacer una inversión sólida porque algo que no comprende asustó al mercado por cuarenta y ocho horas.

El martes se vota allá. El miércoles, los mercados van a procesar el resultado. Y el jueves, la vida sigue.


*  Fundador de Consultora Blick, asesoría financiera e inversiones con sede en San Martín de los Andes.

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