Buenas noticias sobre inflación. Ahora, la letra chica
* Por Juan Manuel Gómez Margeri
La semana pasada se publicó el dato de inflación de agosto. El resultado fue 1,7% mensual, por debajo del 1,8% que esperaban los economistas. Las redes se llenaron de celebraciones. “La inflación baja”, dijeron los titulares. El Gobierno lo destacó en sus comunicados. Y en términos relativos, es verdad: venimos de números más altos, y la tendencia es descendente.
Pero hay algo que vale la pena detenerse a pensar.

Un 1,7% mensual, sostenido durante todo un año, equivale a perder casi el 22% del poder de compra. Puesto de otra manera: si alguien tenía cien mil pesos guardados en enero, a fin de año van a valer el equivalente a setenta y ocho mil. No porque los robaron. No porque se gastaron. Simplemente porque estaban parados.
Eso no es una crisis. Pero tampoco es una buena noticia.
La confusión más cara que existe en materia de finanzas personales no es sobre instrumentos complejos ni sobre mercados internacionales. Es sobre esta distinción: que la inflación baje no significa que desapareció. Significa que te está comiendo más despacio.
Hay una imagen que ayuda a entenderlo. Imaginá que tenés un balde con agua y una pérdida en el fondo. Durante meses la pérdida era grande: perdías agua rápido, el nivel bajaba visiblemente. Este mes la pérdida se redujo. Eso es bueno. Pero el balde sigue perdiendo agua. Y si no hacés nada —si dejás el balde quieto esperando que la pérdida cierre sola— cuando querés llenar un vaso, hay menos de lo que creías.
La caja de ahorro es ese balde. El plazo fijo que no le gana a la inflación también. Y la reacción más común que generan las “buenas noticias” sobre inflación es, paradójicamente, la más peligrosa: la de relajarse.
¿Por qué importa esto ahora, en particular?
Porque el dato de 1,7% se publicó en un contexto donde las proyecciones para lo que queda del año apuntan a números similares o levemente más altos: entre 1,8% y 2% mensual. Eso no es un retroceso. Pero sí es un recordatorio de que el problema no está resuelto, sino moderado.
Y la diferencia entre “resuelto” y “moderado” es la diferencia entre poder pararse tranquilo en pesos y necesitar que los pesos trabajen.
Para quien tiene ahorros en pesos, el 1,7% mensual implica que el rendimiento mínimo necesario para no perder es ese: 1,7% por mes, todos los meses, sin fallar. Hay instrumentos que lo hacen —algunos bonos del Estado indexados por inflación, algunos fondos, algunas letras de corto plazo. No son difíciles de acceder. Pero hay que ir a buscarlos. No aparecen solos.
Hay una última vuelta que vale la pena dar.
Cuando la inflación era del 5% o el 7% mensual, la urgencia era evidente. Nadie dejaba la plata quieta porque la pérdida era inmediata y visible. A 1,7%, el daño es más lento y más silencioso. Es fácil no verlo. Es fácil postergar la decisión. Es fácil decirse que “ya está mejor” y seguir con el mismo balde con pérdida de siempre.
Ese es, precisamente, el momento más delicado: cuando el problema se vuelve tolerable. Porque tolerable no es lo mismo que resuelto. Y los ahorros que se toleran quietos durante un año de inflación del 1,7% mensual no vuelven.
La inflación bajó. Es una buena noticia. Pero seguís necesitando que tu plata se mueva.
* Blick | Consultora Financiera

