Por qué el mundo eligió lo corto

*  Por Juan Manuel Gómez Margeri

En Argentina tenemos un reflejo que desarrollamos a puro golpe: preferir lo corto. Un plazo fijo de 30 días antes que uno de 180. Renovar mes a mes antes que firmar un contrato largo. Resolver el problema de hoy y ver qué pasa mañana. Durante años, esa actitud se interpretó como señal de desconfianza, de falta de cultura financiera, de una sociedad incapaz de planificar. Puede ser. Pero resulta que esta semana, los fondos de inversión más grandes del mundo llegaron exactamente a la misma conclusión.

Para entender por qué, hay que entender qué es un bono.

Un bono es, en el fondo, un préstamo. Vos le prestás plata a alguien —un gobierno, una empresa— y esa entidad se compromete a devolverte ese dinero más un interés, en una fecha determinada. Podés prestarlo por un año, por cinco, por treinta. Cuanto más largo el plazo, en general, mayor el interés que te ofrecen. Hasta acá, lógico.

El problema aparece cuando las tasas de interés suben mientras ya tenés ese bono en mano. Si prestaste a una tasa fija por treinta años y después el mercado ofrece mejores condiciones, tu bono pierde valor. Nadie va a querer comprarte ese préstamo viejo cuando puede conseguir uno nuevo con mejor rendimiento. Es exactamente lo mismo que alquilar un local a precio fijo por una década: si el mercado inmobiliario sube, quedaste mal parado.

Ahora bien, eso es exactamente lo que está pasando en el mundo.

La tasa del bono del Tesoro de Estados Unidos a treinta años está en su nivel más alto de los últimos diecinueve años. No es un dato menor: es la referencia de tasas de todo el planeta. Y ante eso, los grandes fondos globales —BlackRock, el mayor fondo de inversión del mundo; Aviva, Aegon, gestoras europeas con décadas de historia— están haciendo lo mismo: salir de los bonos largos y quedarse en los cortos. No atarse a un plazo largo cuando las tasas pueden seguir subiendo o cuando la incertidumbre es tan alta que nadie sabe bien qué va a pasar en los próximos años.

¿Suena conocido?

El argentino medio lleva décadas haciendo exactamente eso. No porque haya leído a los analistas de BlackRock, sino porque lo aprendió a la fuerza. Las crisis, las devaluaciones, los cambios de reglas de un día para el otro enseñaron algo muy concreto: a largo plazo, en este país, no se puede planificar fácil. Entonces se aprendió a vivir en el corto. A renovar. A no atarse. A mantener la posibilidad de cambiar de posición rápido.

Lo curioso es que hoy, en el contexto financiero global más sofisticado del mundo, ese mismo instinto es la estrategia más utilizada.

No digo esto para romantizar la incertidumbre argentina ni para sugerir que estar en el corto siempre es correcto. Hay momentos en que extender plazos tiene mucho sentido, y hay oportunidades que solo se aprovechan con horizonte largo. Pero sí vale la pregunta: si tenés ahorros hoy, ¿sabés a qué plazo estás? ¿Tiene sentido revisarlo?

A veces el análisis más sofisticado llega a la misma respuesta que el sentido común.

*  Consultora Blick — www.consultorablick.com

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