La cuenta que no cierra
* Por Juan Manuel Gomez Margeri
Dos datos de esta semana, que parecen contradictorios, pero no lo son. La rentabilidad de los bancos subió del 6% al 9,5% en un mes. Y la mora de las familias llegó al 12,1%, el nivel más alto en veinte años. El reflejo inmediato es leerlo como injusticia: los bancos ganan mientras la gente no puede pagar. Pero hay una explicación más precisa, y más útil.

Los mercados de capital son forward-looking: descuentan el futuro, reaccionan rápido a las señales de estabilidad. El ingreso de los hogares es backward-looking: depende del empleo real, los salarios, el crédito minorista, y todo eso tarda. En cualquier programa de estabilización, sin importar el país ni el gobierno, siempre hay un período donde la macro mejora primero y la micro sigue golpeada. El que pone dinero en un bono gana antes que el que tiene que pagar la cuota.
No es una anomalía. Es la secuencia normal. Y Argentina la está transitando.
La pregunta relevante no es quién tiene la culpa, sino otra: ¿esto es una fase que se cierra, o hay algo más estructural debajo?
Ahí es donde los números dicen algo más interesante. La inflación bajó. El empleo formal se sostiene. Sin embargo, la mora sigue subiendo. Eso sugiere que una parte del problema no es el presente sino el pasado: años de tasas reales altísimas en crédito al consumo, deuda acumulada en el período 2022-2024, confianza que no termina de volver. Las familias no están pagando mal porque les vaya mal hoy. Muchas están pagando el costo de lo que tomaron prestado cuando no había alternativa.
El Banco Nación salió a ofrecer refinanciaciones a diez años para los deudores más comprometidos. Puede ser una respuesta razonable. Pero también es una señal: hay un nivel de deuda que no se resuelve con crecimiento, sino con tiempo.
La distancia entre el dato y la vida
Para el inversor, este desfase importa. Una mora alta en consumo con bancos rentables es una ecuación que no puede durar indefinidamente: o la mora baja, los hogares se recuperan, el crédito vuelve a crecer y los bancos tienen negocio real; o la mora sigue subiendo y empieza a afectar los balances. Las valuaciones bancarias actuales apuestan a lo primero.
Lo que vale la pena mirar en los próximos meses no es si el Merval sube o si el riesgo país baja. Es si la mora de las familias empieza a ceder. Ese es el termómetro de si la estabilización está llegando adonde tiene que llegar.
* Blick | Consultora Financiera

