El costo del dinero inmovilizado
* Por Juan Manuel Gómez Margeri
Hay una idea muy instalada: que el dinero quieto está seguro. El plazo fijo que se renueva solo, los dólares guardados en la caja de seguridad, la cuenta del banco que no se toca. Parece la opción prudente. Pero casi nunca lo es.

El costo que no se ve
Todo dinero quieto paga un peaje, aunque no aparezca en ningún resumen. En pesos, ese peaje es la inflación: un plazo fijo que rinde menos que la suba de precios pierde poder de compra todos los meses, por más que el número siga creciendo. En dólares, el costo es otro: los billetes en el colchón no se desvalorizan tanto como los pesos, pero tampoco rinden nada ni capturan ninguna oportunidad. En los dos casos, el capital se queda dónde está mientras el mundo se mueve.
No decidir también es decidir
Mucha gente siente que, mientras no mueve el dinero, no está tomando ningún riesgo. Es una ilusión cómoda. Dejar el capital quieto es una decisión como cualquier otra, y tiene consecuencias. En un país con la historia inflacionaria de la Argentina, la inacción es una de las formas más caras de manejar el dinero. No hacer nada no es neutral: tiene un precio, solo que se paga de a poco y sin que se note.
El ángulo neuquino
Por acá se ve seguido. Alguien vende un campo, una propiedad o un emprendimiento, recibe una herencia o cobra una indemnización, y deja ese capital “descansando” en el banco hasta decidir qué hacer. Ese “mientras tanto” a veces dura años. Y en esos años, sin gastar un solo peso, el poder de compra se va licuando en silencio. No es raro que quien vendió muy bien una propiedad termine, un tiempo después, con bastante menos de lo que tenía el día de la operación.
Mover el dinero no es arriesgarlo
Poner el capital a trabajar no significa apostarlo a lo primero que aparece. Significa, como mínimo, que no pierda contra la inflación. Hoy existen instrumentos que ajustan por la suba de precios, otros que pagan una renta en dólares, otros pensados para el corto plazo y la liquidez del día a día. La herramienta correcta depende del objetivo y del plazo de cada uno. Pero todas comparten algo: hacen que el dinero deje de perder valor por defecto.
La distancia entre el dato y la vida
Acá está el punto más difícil. El costo del dinero quieto no figura en ningún lado: no hay un resumen que diga “este mes perdiste tanto por no hacer nada”. Por eso es tan fácil postergarlo, mes a mes, año a año. El tiempo, que es el mejor aliado de quien invierte con paciencia, es el peor enemigo de quien deja el capital parado esperando el momento perfecto.
Empezar
No se trata de complicarse ni de volverse un experto en finanzas. Se trata de entender que no hacer nada también cuesta —y muchas veces cuesta más que equivocarse—. El primer paso no es encontrar el instrumento perfecto. Es decidir que el dinero deje de estar quieto.
* Blick | Consultora Financiera

