Cuando la macro no cierra, la reacción puertas adentro marca la diferencia
Claves para decidir mejor en un país desordenado
Por Juan Manuel Gómez Margeri*
En las últimas semanas escribí sobre la importancia de entender la economía para vivir un poco mejor y sobre la necesidad de leer el contexto antes de tomar decisiones. Las repercusiones fueron variadas, valiosas y, sobre todo, reveladoras: comerciantes, empresarios, economistas y dirigentes coincidieron en algo central —el problema no es solo el diagnóstico, sino qué hacemos con él.

Muchos marcaron cuestiones estructurales que están sobre la mesa desde hace años: un país que exporta mayormente materia prima sin valor agregado, que importa productos terminados incluso cuando tiene capacidad local para producirlos, y una apertura comercial que, sin reglas claras ni controles efectivos, termina poniendo a pymes y comercios en una desigualdad difícil de sostener. Otros señalaron algo más coyuntural pero igual de sensible: con inflación que no termina de desaparecer, hablar de “tasas reales positivas” requiere mucha más precisión, porque en la práctica el ahorrista y el pequeño empresario siguen sintiendo que el dinero se les escapa.
Todo eso es cierto. Y es parte del problema.
Pero hay una pregunta que me interesa todavía más: ¿qué hacemos mientras tanto?
Porque el riesgo de quedarnos solo en la queja —legítima, fundada— es paralizarnos. Y en contextos desordenados, la parálisis suele ser más cara que una mala decisión.
Ahí aparece un punto que se repitió en varias conversaciones: la eficiencia. Revisar costos, procesos, stock, precios, tiempos. Entender dónde se pierde plata, dónde se inmoviliza capital, dónde se puede ser más liviano. No como una receta mágica, sino como una forma de recuperar algo de control cuando afuera todo parece inestable.
Lo mismo vale para las finanzas personales. No se trata de “ganarle” a la inflación todos los meses, sino de ordenar, priorizar, evitar errores grandes y sostener decisiones razonables en el tiempo. En economías volátiles, sobrevivir bien muchas veces es un éxito subestimado.
Argentina seguirá discutiendo su modelo productivo, su inserción en el mundo, su política monetaria y fiscal. Es una discusión necesaria y de largo plazo. Pero mientras eso ocurre, cada persona, cada familia y cada empresa sigue tomando decisiones todos los días.
Y ahí está el verdadero punto: entender el contexto no garantiza resultados, pero ignorarlo casi siempre los empeora.
No escribo estas columnas para dar respuestas cerradas, sino para invitar a pensar mejor. Porque en un país donde el ruido es constante, la claridad —aunque sea parcial— ya es una ventaja.
* Asesor financiero, Consultora Blick
