Neuquén ante un nuevo escenario de costos: datos, contexto y decisiones posibles. Por Juan Manuel Gomez Margeri
Las últimas decisiones económicas a nivel nacional —la actualización del impuesto a los combustibles y el tratamiento de una reforma laboral— vuelven a poner en discusión cómo impactan los cambios macro en las economías regionales. En una provincia como Neuquén, donde la logística, la energía y el empleo vinculado a la actividad productiva tienen un peso específico, estos temas no son abstractos: se sienten en costos, precios y márgenes.
Los datos ayudan a ordenar el debate.
Durante enero y febrero de 2026, el impuesto a los combustibles registró nuevas actualizaciones que, según estimaciones difundidas en medios especializados, implican incrementos acumulados del orden de $30 a $35 por litro entre naftas y gasoil en elbimestre.
Este impuesto es nacional, se aplica de manera uniforme en todo el país y representa una porción relevante del precio final que pagan consumidores y empresas.
En Neuquén, este impacto es particularmente sensible por dos razones:
1. la estructura productiva depende fuertemente del transporte y la logística,
2. El consumo de combustibles crece incluso cuando en otras provincias se estanca o
cae, asociado a la actividad hidrocarburífera y al movimiento económico regional.
A esto se suma el debate por la reforma laboral, actualmente en agenda legislativa nacional. El objetivo declarado es mejorar la formalidad, reducir costos no salariales y dar mayor previsibilidad al empleo privado.
En provincias con fuerte presencia de grandes proyectos de inversión —como Vaca Muerta—, la reforma puede incidir en decisiones de inversión y contratación. Pero su impacto no será homogéneo: el mismo cambio normativo afecta de manera distinta a una empresa energética, a una pyme de servicios o a un comercio local.
Frente a este escenario, el punto central no es discutir únicamente el origen de las medidas, sino qué margen de acción tiene Neuquén para amortiguar impactos y mejorar resultados locales.
La provincia no parte de una situación neutral. Neuquén cuenta con ingresos extraordinarios derivados de la actividad hidrocarburífera, una recaudación per cápita superior al promedio nacional y un presupuesto 2026 que proyecta equilibrio fiscal y una fuerte asignación a gastos de capital y obra pública. Esto abre una discusión distinta, más técnica y menos ideológica: cómo usar esa ventaja relativa.
Algunas líneas de trabajo posibles, que merecen ser parte del debate público, son claras:
● Infraestructura como política anticostos: rutas, accesos logísticos, mantenimiento
y conectividad reducen costos estructurales mucho más que cualquier subsidio
transitorio.
● Eficiencia del gasto: no se trata solo de cuánto se gasta, sino de qué resultados genera ese gasto en salud, educación, seguridad y servicios básicos.
● Alivio fiscal inteligente: simplificación, reducción de saldos a favor, esquemas predecibles y coordinación entre provincia y municipios para evitar superposición de tasas.
● Planificación laboral y capacitación: cualquier cambio en la legislación laboral debería complementarse con formación, reconversión y empleabilidad local, especialmente fuera del sector energético.
● Uso estratégico de los recursos extraordinarios: convertir ingresos coyunturales en capacidades permanentes, evitando que el crecimiento dependa exclusivamente del ciclo de commodities.
En síntesis, Neuquén enfrenta un contexto donde los costos tienden a subir y las reglas están en discusión. La diferencia no la marcará solo lo que se decida en Buenos Aires, sino la capacidad de la provincia para anticiparse, ordenar prioridades y devolver servicios e infraestructura que mejoren la competitividad real.
Ese es el verdadero diferencial: pasar del diagnóstico a la gestión, del reclamo a la propuesta, y de la coyuntura a una estrategia de largo plazo. Porque entender el contexto es necesario, pero gobernar bien es transformar ese contexto en mejores decisiones para la gente.