El mandato de las reformas no es un cheque en blanco

Por Anibal Urios – DC Consultores

En un contexto en donde el oficialismo quiere obtener rédito de la mejor posición legislativa obtenida en las elecciones 2025, quisimos preguntarle a la ciudadanía sobre si las reformas planteadas por Javier Milei representan el futuro o un nuevo fracaso, los datos son contundentes y representan dos hemisferios asimétricos: mientras que el 66,67% las visualiza como «el comienzo del DESPEGUE», sólo el 33,33% lo hace como «el principio del FIN».

Una sociedad polarizada asimétricamente enfrentada por las frustraciones del pasado, por promesas incumplidas y que encuentra en las propuestas de La Libertad Avanza, una posibilidad de despegue. Este primer dato es el corazón del clima de época actual. El «tercio de hierro» opositor (el 33% que ve el fin) se mantiene estático, consolidado como el núcleo duro del peronismo/kirchnerismo que venimos identificando en los últimos años y que quedó plasmado ya en nuestra encuesta de enero como «los sospechosos de siempre».

Sin embargo, el dato revelador es la solidez de los dos tercios (67%) que apuestan al «despegue». A pesar del ajuste, cierto estancamiento de la economía y el tiempo transcurrido, la mayoría sigue comprando la narrativa del futuro. Esto no es optimismo ingenuo; es una inversión. La gente está «invirtiendo» sufrimiento presente a cambio de rentabilidad futura.

LA EXPECTATIVA BINARIA

Pero cuidado, ese 67% no está celebrando el presente, está apostando al desenlace a partir de un conjunto de expectativas generados por el propio gobierno, incluso desde la campaña electoral. Si las reformas legislativas se diluyen en negociaciones palaciegas, ese bloque de «esperanza» podría fracturarse. La expectativa de «despegue» implica, necesariamente, que el avión se mueva. Hoy, pareciera ser que el estancamiento es el verdadero enemigo de LLA, no la oposición. Así, el oficialismo debe evitar convertir los apoyos en un arma de doble filo.

El riesgo de convertir confianza y apoyos en un arma de doble filo, empieza a verse en algunas áreas que, al menos en un principio, parecían ser de dominio claro del oficialismo. Por ello, y en virtud de lo sucedido con el fallido nuevo método para medir la inflación, consultamos a la ciudadanía sobre la credibilidad en los números estadísticos del Gobierno (inflación, pobreza, inversiones, etc.). El 59,32% sostuvo que aún «Le CREE», mientras que el 40,68% «NO le CREE».

Aquí una señal de alerta para el gobierno. Si bien todavía mantiene una mayoría de credibilidad (casi el 60%), el nivel de descreimiento (casi el 41%) es superior al núcleo duro opositor (33%). Esto indica que hay una franja de entre 7 y 8 puntos del electorado que, aunque quizás apoye el rumbo general, empieza a dudar de la narrativa oficial y, sobre todo, de los resultados inmediatos (el pragmatismo es hoy la característica más palpable de la sociedad).

LA CREDIBILIDAD BAJO AUDITORÍA

En tiempos de posverdad, mantener la credibilidad de las «planillas de excel» es vital. Si la percepción de la calle (el bolsillo) se divorcia demasiado de los anuncios oficiales, ese 41% de incredulidad puede crecer y comerse la base de sustentación política.

En nuestro informe de enero destacamos cómo la sociedad en su mayoría considera a Javier Milei como alguien que cumple lo que promete, que hace lo que dice que va a hacer. Esa confianza empieza a registrar algunas dudas o críticas que dañan la imagen presidencial. La batalla por la verdad de los datos es tan importante como la batalla por el déficit cero.

Como señalamos al inicio, el mes de febrero es el mes de las reformas. Particularmente en lo referido a la laboral, las opiniones que recoge el informe arrojan una radiografía clara de la demanda social a favor de dicha propuesta. Mientras que casi el 65% la considera positiva (34,85% «Muy Buena»; 30,3% «Muy LIGHT»), casi el 35% la califica como negativa (30,3% «Pésima»; 4,55% maquillaje). Los datos muestran un apoyo significativo a la propuesta del gobierno en un tema sensible y que involucra actores poderosos del establishment político. Sobre esto, y tomando en cuenta el rol de los sindicatos, ya en nuestro estudio de diciembre 2025 “El estado-estorbo” detectamos que para el 59,18% consideraba que los sindicatos NO son importantes para la vida laboral. Este dato explica, en parte, el apoyo a una serie de reformas que golpean parte del poder sindical.

EL MANDATO DE LAS REFORMAS

Ahora bien, el dato más potente para la estrategia del oficialismo es que, una parte importante del apoyo a la reforma laboral. (30,3%) cree que el Gobierno se está quedando corto («Es muy LIGHT»). Esto confirma que el peligro para Milei no es ser «demasiado radical», sino parecerse a la «casta» por negociar demasiado (concesiones a los sindicatos, por ejemplo).

Hay una base electoral que le exige acelerar, no frenar.

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