Competitividad: el rol silencioso y decisivo de los municipios en Neuquén

Por Juan M. Gómez Margeri

La discusión económica suele mirar a Nación y a la Provincia. Pero muchas veces el costo real empieza en el mostrador municipal.

Cuando se habla de presión fiscal o de costo de producir en Neuquén, la conversación casi siempre se concentra en impuestos nacionales o en Ingresos Brutos. Sin embargo, en la práctica cotidiana de comerciantes, pymes y profesionales, el vínculo más directo y frecuente es con el municipio.

Habilitaciones, tasas de comercio, inspecciones, derechos de construcción, tasas por seguridad e higiene, cartelería, uso del espacio público, contribuciones por mejoras, tasas ambientales. La lista es larga, y en muchos casos se superpone con obligaciones provinciales o nacionales.

El problema no suele ser la existencia de la tasa en sí misma. El problema es la suma de microcargas, la falta de coordinación entre niveles de gobierno y la escasa relación entre lo que se paga y la calidad del servicio recibido.

En un contexto donde Neuquén creció con fuerza —impulsado por la actividad energética y el desarrollo urbano— los municipios enfrentan una demanda creciente de servicios: recolección, pavimentación, ordenamiento, control, infraestructura básica. El desafío es legítimo. Pero la respuesta muchas veces fue ampliar tasas o crear nuevos conceptos sin una revisión integral del esquema tributario local.

Esto genera tres efectos concretos sobre la competitividad:

  1. Incertidumbre y complejidad administrativa
    La diversidad de criterios entre municipios dificulta la planificación de empresas que operan en más de una localidad. Lo que vale en una ciudad no necesariamente vale en otra.
  2. Capital de trabajo inmovilizado
    Al igual que ocurre con regímenes de retención provinciales, las tasas y anticipos municipales afectan el flujo de caja, especialmente en pymes.
  3. Percepción de bajo retorno
    Cuando el contribuyente no percibe mejoras claras en infraestructura urbana, ordenamiento o servicios, la legitimidad del tributo se debilita.

En una provincia como Neuquén, donde se debate competitividad territorial, el nivel municipal no puede quedar fuera de la ecuación. La competitividad no es solo macroeconomía: es trámite simple o trámite eterno, es habilitación rápida o meses de espera, es infraestructura ordenada o crecimiento improvisado.

Si el objetivo es atraer inversión y sostener empleo, los municipios tienen herramientas concretas:

  • Digitalización real de trámites y reducción de tiempos.
  • Unificación y simplificación de tasas.
  • Transparencia en el destino de los fondos recaudados.
  • Coordinación con Provincia para evitar superposiciones.
  • Planificación urbana que acompañe el crecimiento en lugar de reaccionar tarde.

Neuquén tiene recursos y actividad. Pero si cada nivel del Estado actúa de manera aislada, la suma termina siendo más costosa que eficiente.

La competitividad territorial se construye en conjunto. Nación define el marco macro. Provincia administra recursos estratégicos. Pero el municipio es quien define, muchas veces, la experiencia concreta de producir y vivir en un lugar.

Y ahí está el desafío pendiente: transformar la recaudación local en calidad visible, y la gestión municipal en una ventaja competitiva, no en un obstáculo silencioso.

 

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