Neuquén: una provincia rica con contribuyentes cansados
Cuando los recursos sobran, pero la presión no afloja, algo no está funcionando.
Por Juan Manuel Gómez Margeri*
Neuquén es una provincia privilegiada. Energía, Vaca Muerta, regalías, actividad, inversión, empleo. Pocas jurisdicciones del país cuentan con una base de recursos tan potente y con tanta proyección a futuro. Sin embargo, cuando uno mira la realidad cotidiana de empresas, comercios y familias, la sensación es otra: la presión fiscal no baja, la burocracia crece y la contraprestación del Estado no siempre aparece.
Ahí surge la primera contradicción. Si una provincia tiene más ingresos, lo lógico sería que pueda ordenar sus cuentas, aliviar cargas y mejorar servicios. Pero en la práctica sucede lo contrario: impuestos provinciales y municipales que se superponen, tasas que se multiplican, regímenes de retención y percepción que asfixian el capital de trabajo, y un entramado normativo que castiga al que está en regla.
Ingresos Brutos sigue siendo el ejemplo más claro. Un impuesto distorsivo, que se cobra sobre facturación y no sobre rentabilidad, y que en contextos inflacionarios se vuelve todavía más injusto. No importa si ganás o perdés: pagás igual. Para una pyme neuquina, eso muchas veces significa financiar al Estado antes que invertir, contratar o crecer.
A esto se suma una realidad menos visible pero igual de pesada: la incertidumbre.
Cambios frecuentes en criterios fiscales, falta de previsibilidad, controles desparejos. El resultado es conocido: empresarios y comerciantes que dedican más tiempo a sobrevivir que a planificar, y familias que sienten que hacen un esfuerzo enorme sin ver mejoras proporcionales en infraestructura, servicios o calidad de vida.
El problema no es recaudar. El problema es cómo y para qué.
Neuquén necesita discutir en serio su estructura fiscal. No desde la consigna fácil ni desde la grieta, sino desde una lógica básica: si queremos más inversión, más empleo privado y más desarrollo local, el Estado tiene que ser un socio razonable, no un obstáculo permanente.
Mientras esa discusión de fondo no llegue, volvemos al plano micro. Empresas que revisan costos, eficiencia y procesos. Personas que ordenan sus finanzas, cuidan el flujo, evitan errores grandes y toman decisiones defensivas. No porque sea lo ideal, sino porque es lo posible.
Neuquén tiene todo para hacerlo mejor. Recursos, talento, energía y futuro. Lo que falta no es riqueza: falta coherencia entre lo que se cobra y lo que se devuelve.
Y como vengo sosteniendo en estas columnas, entender ese contexto no soluciona el problema, pero sí evita el peor de todos: seguir tomando decisiones a ciegas.
* Asesor financiero, Consultora Blick
