Argentina 2026: estabilización, transición o espejismo

Por Juan Manuel Gómez Margeri

La inflación baja, el déficit fiscal se redujo y el dólar dejó de ser noticia diaria. Pero la pregunta es más profunda: ¿estamos ante un cambio estructural o ante una tregua del ciclo económico?

Después de años de inestabilidad crónica, Argentina atraviesa una etapa distinta. La inflación mensual desaceleró respecto a los picos del año pasado, el Gobierno sostiene superávit fiscal financiero en varios meses consecutivos y el mercado cambiario luce más ordenado que en etapas previas.

Estos datos no son menores. Lograr equilibrio fiscal en un país acostumbrado al déficit estructural es un cambio significativo. También lo es cortar la emisión monetaria sistemática como forma de financiamiento.

Pero la estabilización no es lo mismo que el crecimiento.

La actividad económica todavía muestra señales mixtas. Algunos sectores vinculados a energía, minería y economía del conocimiento sostienen dinamismo, mientras que comercio, construcción y consumo masivo siguen en terreno frágil. La mejora macro no siempre se traduce en alivio inmediato en la economía cotidiana.

El riesgo país, si bien lejos de los picos de crisis, todavía refleja desconfianza estructural. El acceso al crédito internacional pleno sigue condicionado. Y la inversión privada, aunque expectante, necesita reglas claras y estabilidad prolongada para consolidarse.

El otro gran debate es el cambiario. Un dólar estable ayuda a bajar la inflación, pero también puede tensionar la competitividad si la productividad no acompaña. La historia argentina muestra que los procesos de estabilización exitosos son aquellos que combinan orden fiscal con crecimiento de exportaciones e inversión.

La pregunta entonces no es si hay mejoras —las hay— sino si estas mejoras son sostenibles.

Argentina necesita tres pilares para transformar estabilización en desarrollo:

  1. Disciplina fiscal sostenida en el tiempo, más allá de un gobierno.
  2. Reformas que aumenten productividad, no solo que ajusten costos.
  3. Confianza institucional y previsibilidad, condición necesaria para inversión de largo plazo.

La economía argentina parece haber salido del descontrol. Ahora enfrenta un desafío más complejo: construir normalidad.

Y la normalidad no se mide por un mes bueno, sino por la capacidad de sostener reglas claras durante años.

El verdadero cambio no será cuando la inflación baje.
Será cuando invertir en Argentina deje de ser una apuesta y pase a ser una decisión lógica.

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